¿Podría alcanzar el oro un precio de 10.000 dólares la onza?

Si se multiplica el precio actual del oro por ocho, llegaríamos a 10.000 dólares la onza. Puede parecer ciencia ficción, pero el oro ya ha llegado a aumentar en esa proporción en cuatro años, entre 1976 y 1980.

El oro cotiza actualmente en el entorno de los 1.230 dólares la onza. Si se multiplica esa cantidad por ocho, nos aproximaremos a un precio de alrededor de 10.000 dólares la onza. Una cantidad que puede parecer desorbitada e inalcanzable. Sin embargo, a lo largo de su historia, el oro ha experimentado variaciones de precios similares.

Así lo explica el analista de commodities Kelsey Williams en su blog, quien califica esta hipótesis de “posibilidad razonable”. Según Williams, entre agosto de 1976 y enero de 1980, el precio del oro se elevó desde los 100 a los 800 dólares la onza. Es decir, se multiplicó por ocho en apenas cuatro años.

Más recientemente, el precio del oro pasó desde los 275 dólares la onza en 2000 a alcanzar un máximo histórico de 1.900 dólares, en 2011, siete veces más.

Las circunstancias son diferentes entre los dos ejemplos, pero, como señala Williams, en ambos casos queda demostrado que la hipótesis de los 10.000 dólares la onza no es descabellada.

Según el artículo, las peculiaridades de cada uno de los dos ejemplos también son aplicables a los escenarios actuales. Una de ellas es el tiempo: en el primer ejemplo, el oro había incrementado su precio desde los 40 dólares la onza en 1971 a cerca de 200 dólares en febrero de 1974. Tras bajar a 100 dólares en agosto de 1976, volvió a subir hasta los 850 dólares en enero de 1980, es decir, apenas tres años y medio después.

En el segundo ejemplo, el precio se multiplicó por siete en 11 años. En ambos casos, el periodo de tiempo fue similar, alrededor de una década. Entre 1971 y 1980, el oro pasó de 40 dólares la onza a 850 dólares, es decir, 21 veces más. Entre 2000 y 2011, el aumento fue de “solo” siete veces.

Williams compara estos datos con la situación actual: el precio máximo registrado por el oro fue de 1.900 dólares la onza en 2011, después de una década de caída progresiva del valor del dólar.

En cambio, desde 2011 se ha revertido la tendencia: el oro lleva seis años de caídas, que han coincidido con un dólar más fuerte. El punto más bajo, los 1.040 dólares la onza registrados en enero de 2016, deberían ser el punto de partida desde el que se valore la subida de precios, “ya que no es previsible que el oro alcance un nuevo punto mínimo respecto al dólar hasta, al menos 2030”.

Del mismo modo, pasaron 30 años desde que el oro alcanzó su máximo de 850 dólares la onza, en 1980, hasta que registró su nuevo máximo histórico, los 1.900 dólares de 2011. Lo que, en comparación, podría significar que el próximo máximo histórico del oro no se daría hasta 2040.

“Así que, con estas posibilidades en mente, un precio de 10.000 dólares la onza es ilusorio a corto-medio plazo”, apunta Williams.

El papel de la Reserva Federal

Además del tiempo, otra variable que ha influido en esta variación de los precios ha sido el papel desempeñado por la Reserva Federal estadounidense, “que continúa confiando en los dioses del papel moneda”, en palabras de Williams. “Al menos -continúa- mientras el objetivo básico sea evitar el completo desastre económico y financiero”.

Si los acontecimientos se precipitan de forma que se crea una “tormenta perfecta”, ese mítico precio de 10.000 dólares la onza podría hacerse realidad mucho antes de los esperado.

Según el analista, esa “tormenta perfecta” iría acompañada de una caída de similar magnitud en el valor del dólar, lo que provocaría que su credibilidad cayese en picado y nadie tuviera interés en acumular dólares.

Ello afectaría negativamente al tráfico de bienes y servicios, ya que nadie querría aceptar dólares a cambio de sus mercancías. “En el peor escenario, el del rechazo total al dólar, un precio del oro de 10.000 dólares la onza carecería de sentido, ya que lo realmente importante no sería el precio del oro, sino la cantidad de oro que se posee”, asegura Kelsey Williams.

La conclusión es clara: “poseer oro físico es una forma de preservar la riqueza. Porque el oro es auténtico dinero, y es un valor refugio”.