El Thaler alemán, origen del real de a ocho español y precursor del dólar

La aparición de la moneda alemana conocida como thaler supuso el tránsito de la moneda medieval a la moderna en Europa. En la segunda mitad del siglo XV se descubrieron en Erzebirge y en los Alpes, especialmente en Schwaz, en el Tirol, y en Scheeberg, en Sajonia, ricos yacimientos de plata. La abundancia del metal argénteo, que según Carlo Maria Cipolla inundó diversas cecas de la época, fue el origen de una importante reforma monetaria que cambió la faz de la amonedación europea, española y mundial.

Desde la época de Carlomagno y durante todo el Medievo las monedas habían sido pequeños discos de oro, plata y vellón con una delgadez que permitía doblarlas fácilmente con los dedos de una mano, y con influencia del arte gótico en sus tipos. Los primeros atisbos del Renacimiento llegaron, según Antonio Beltrán, con la magnificación del retrato y la ampliación de los módulos, que permitió un mejor tratamiento de los tipos. 

El primer lugar donde se acuñó una moneda de un grosor considerable, seis o siete veces mayor que el de las emisiones medievales, fue en la Florencia de 1472. Esta moneda, conocida como lira Tron, era una pieza que incluso en sus aspectos externos se distinguía de las anteriores, al portar el retrato del dux veneciano, el dogo Nicolo Tron, de perfecto estilo renacentista. Su peso era de 6,5 gramos, con una ley de 948 milésimas, un fino de 6,16 gramos y un valor nominal de 20 sueldos.

Dos años más adelante, en 1474, y siguiendo el ejemplo de Venecia, Milán acuñó una moneda de plata pura de un espesor considerable, incluso más pesada que la veneciana, con una hermosa representación del duque Galeazzo Maria Sforza en su reverso. Con un valor nominal de 29 sueldos, tenía un peso de 9,8 gramos y un fino de 9,44, y una ley de 963 milésimas.

La razón para que ambas ciudades italianas fueran pioneras en la emisión de estas monedas de un grosor hasta entonces desconocido fue, según Cipolla, que ambas mantenían importantes relaciones financieras y comerciales con Alemania, con una balanza comercial desfavorable para esta última, por lo que la plata de las minas arriba mencionadas afluía a estas ciudades estado en pago de dicho déficit comercial.

Ambas emisiones recibieron el nombre de testones, al llevar como motivo una efigie de medio busto o cabeza del príncipe, y fueron acogidas con gran entusiasmo por el mercado, y fueron muy imitadas tanto por los otros estados italianos como en otros países. Como pone de manifiesto Beltrán, frente al retrato medieval se inició el uso de una galería de retratos que enlazaron con la tradición romana

En los Países Bajos se comenzaron a acuñar en 1487 monedas con un peso de 7,2 gramos y una ley de 935 milésimas; en Inglaterra, en 1509, con un peso de 9,33 gramos y ley de 925 milésimas; y en Francia, en 1513, con 9,6 gramos de peso y ley de 938 milésimas, que fueron los primeros testones franceses, con un valor nominal de 10 sueldos torneses y que incorporaron a Francia al sistema renacentista italiano.

El archiduque Segismundo de Austria tuvo, influido por el éxito de estas monedas, la idea, considerada por muchos extravagante en su época, de acuñar una moneda de plata que equivaliese a la moneda de oro que en aquel momento dominaba el mercado germánico, conocida como Rheinischer Gulden. En 1477 se batieron dos macromonedas de un peso muy superior a cualquier otra que se hubiese acuñado en Europa: el Guldiner de 31,93 gramos, con un fino de 29,92 gramos, y su fracción el Halbguldiner, con un peso de 15,96 gramos y un fino en gramos de 15,96. Este Guldiner o Unzialis es en el origen del Thaler.

 

Guldengroschen acuñado en Tirol en 1486 a nombre de Segismundo de Austria

Guldengroschen acuñado en Tirol en 1486 a nombre de Segismundo de Austria

Al parecer, según Cipolla, ambas monedas no tuvieron mucho éxito y se utilizaron sobre todo como medallas, a pesar de que fueron imitadas en los cantones suizos, como por ejemplo en Berna en 1493, y en Sajonia en 1500.

En Bohemia, durante los últimos años del siglo XV, los condes de Schilick, propietarios de las minas de Sankt Joachimstal, mandaron labrar una macromoneda de 27 gramos de peso y ley de unas 900 milésimas, que contenía algo más de 24 gramos de plata pura. Cuando la ceca recayó en manos de Fernando de Austria en 1528, el peso de esta moneda se redujo a 26,39 gramos. La misma recibió el nombre de Joachimstaler, por el lugar en que se acuñaba, el Valle de San Joaquín, para más tarde llegar a conocerse simplemente como Taler, Tahler o su castellanización, tálero, haciendo referencia al lugar de donde procedía el metal argénteo en la que estaba acuñada.

Los primeros thaler o táleros acuñados por los condes de Schilck tuvieron, como en el caso de los guldiner del archiduque Segismundo, poca acogida como moneda corriente y más como medallas, si bien unos años después, a partir de comienzos del siglo XVI, tuvieron un increíble éxito en el ámbito monetario germánico e incluso internacional, como muestra el hecho de que diese nombre al daalder holandés, al dalar noruego, al daler danés o sueco o al dólar estadounidense.

Los soberanos de la Casa de Austria en España y Alemania, Hungría, Silesia, así como los ducados de Sajonia y Brunswick mantuvieron su autoridad sobre una moneda de plata relativamente unificada, que a finales del siglo XVI era de 2/3 de thaler = 1 gulden = 2 marcos =32 chelines. 

El emperador Maximiliano puso especial cuidado en la acuñación de estos Guldiner o Thaler, dotándolos de motivos históricos y propagandísticos, así como los Schautalher o thaler medalla, con magníficos cuños de Ulrich Usentaler y excelentes retratos de tipo renacentista.

En la historia de la moneda en la Edad Moderna en el Sacro Imperio Romano Germánico el papel del Thaler fue fundamental. Durante los primeros años del reinado de Carlos V hubo una pugna entre los defensores de la moneda de oro del tipo florín con los propietarios de las minas de plata, que acabaron imponiéndose. En 1524 una Ordenanza estableció en la base del sistema monetario el marco de Colonia, de 233,85 gramos, una moneda de oro, el florín de 22 quilates, y el Guldiner de plata de 21 grosos, de 29,23 gramos y 973 milésimas con sus divisores en plata, y como motivo en el anverso el águila bicéfala imperial.

 

Thaler de Lübeck 1559. Foto cortesía MMRarecoins

Thaler de Lübeck 1559. Foto cortesía MMRarecoins

Esta medida fue combatida y no acatada en algunas partes del Imperio, como en Sajonia y, paradójicamente, en Austria, donde diversas ciudades pactaron una alianza monetaria basada en un Guldiner de 60 Kreuzer. Todo ello ocasionó que en 1551, por la Ordenanza de Augsburgo, el Emperador fijase como unidad un Guldiner más pesado pero de inferior ley, lo que produjo descontento. Su hermano Fernando I fijó la emisión de un gundertaler de 24,62 gramos, y su sucesor Maximiliano II el thaler imperial de 68 kreuzer mediante un edicto de 1566.

Fernando I, hermano de Carlos V, unificó toda la moneda de sus dominios patrimoniales sobre el thaler, tanto en Austria como en Hungría, Silesia y Bohemia. Los retratos de los sucesivos emperadores figuraron en esta moneda, como en la de oro, con gran prestancia, destacando los cuños realizados por Antonio Abondio. Gracias a su gran módulo, el thaler permitió utilizar la moneda para la propaganda de las distintas autoridades emisoras, con una notable calidad artística y en muchas ocasiones con valor de piezas conmemorativas. En este sentido, Beltrán cita como excepcionales los löser de Brunswick, los dobles thaler de Münster, el Gulden groschen de Sajonia y los Portugaleser.

En la Italia del quinientos se acuñaron talleri en la Saboya de Carlos Manuel I. Venecia no acuñó moneda de estas características hasta 1562, cuando se labraron ducados de plata de 32,89 gramos y 948 milésimas, con un valor de 125 sueldos. Tras la anexión de Milán por Carlos V se batieron en esta plaza los bellísimos ducatones de 33,7 gramos, con cuños de Leone Leoni, que fueron imitados en toda la península. Entre ellos, por el tema que nos ocupa, destaca especialmente el que porta en su anverso un retrato del Emperador con la leyenda CRIST.RELIG.PROPUGNATOR y las columnas de Hércules con la leyenda PLVS VLTRA.

Ducatón acuñado a nombre de Carlos V en Milán, obra de Leon Leoni 

Ducatón acuñado a nombre de Carlos V en Milán, obra de Leon Leoni 

El thaler llegó también a los Países Bajos en el reinado de Carlos V, con el karolus o florin de plata, de 22,85 gramos y 833 milésimas. En 1557 Felipe II ordenó la acuñación de un thaler o daldre de 34,29 gramos con retrato de Gianpaulo Poggini, y en 1567 apareció un tipo que tuvo una larga vigencia, el daldre de Borgoña con la cruz de Borgoña, y el conocido como de los Estados, acuñado a nombre del monarca. Posteriormente, el daldre siguió siendo la unidad monetaria de las Provincias Unidas, y si bien el daldre de los leones de 38 stuiver de 1575 tenía únicamente 750 milésimas gozó de gran fortuna.

El sistema llegó igualmente, aunque tardíamente, a los países escandinavos. La introducción del daler fue tardía en Dinamarca, debido a la escasez de plata para acuñar moneda de gran módulo, con el speciaedaler o corona de oro o lata de Federico II, con 29,5 gramos y 881 milésimas y el retrato del rey. En 1625 el consejo real fijó el valor de las monedas con el daler en 6 marcos o 96 skillinge. En Suecia Juan III batió dobles daler.

En Polonia se intentó organizar el sistema por Esteban Barthory de Transilvania por una ordenanza de 1578 en un thaler de 35 groschen, 28,24 gramos de peso y un fino de 875 milésimas, si bien esta reforma fracasó. Los thalers y groschen de plata se acuñaron asimismo en la Transilvania independiente y en Moldavia. De igual manera, en la Rusia de los primeros Romanof la circulación de moneda extranjera de buena calidad hizo que la misma circulase como metal, con una tasación basada en los jefimko o thalers de 64 kopecks.

La situación monetaria en España a la muerte de Enrique IV, el 11 de diciembre de 1474, era caótica, por lo que los Reyes Católicos promulgaron sucesivas reformas monetarias desde el 20 de febrero de 1475 que culminaron en la Pragmática de Medina del Campo de 13 de junio de 1497.

Con esta reforma se fijó el valor de toda la moneda en circulación, con su ley, peso valor y cantidades a acuñar, así como la equivalencia entre cada una de ellas. Según Cipolla, en el momento de promulgación de la misma aún no habían llegado al sistema monetario castellano las tendencias antes citadas de la labra de pesadas monedas de plata.

Ocho reales Sevilla Felipe II. Cayón Subastas, subasta 14, 31 de marzo-1 de abril de 2014, lote 214

Ocho reales Sevilla Felipe II. Cayón Subastas, subasta 14, 31 de marzo-1 de abril de 2014, lote 214

La moneda de plata siguió siendo el real, una moneda nacida en tiempos de Pedro I que era un finísimo disco de plata cuyo peso en el momento de esta Pragmática quedó fijado en unos 3,4 gramos. Esta norma previó la acuñación de divisores del real en medios, cuartos y octavos, pero en la misma no se encuentra ninguna referencia a sus posibles múltiplos.

Se conservó la ley precedente de 11 dineros y 4 granos y un peso de 3,53 gramos, con talla de 67 piezas por marco. Su equivalencia quedó fijada en 34 maravedíes, un valor que permaneció inalterable tres siglos y medio. En cuanto a sus tipos, se conservaron hasta el año 1566, batiéndose con los mismos los primeros reales de a ocho de las cecas castellanas.

 El éxito del sistema monetario de los Reyes Católicos hizo que se mantuviese vigente durante el reinado de los monarcas de la Casa de Austria, y, con pocas modificaciones, también en épocas posteriores. La moneda fuerte de esta reforma, la áurea, se vio posteriormente sustituida por la acuñada en plata, el real de a ocho, en cantidad suficiente para hacer frente a los gastos militares de la Corona (Martín Acosta, p. 1992), así como para equilibrar la balanza comercial con otros países europeos.

 Bibliografía

BELTRÁN MARTÍNEZ, A., Introducción a la Numismática universal, Madrid, 1987.

CIPOLLA, C.M., La Odisea de la plata española. Conquistadores, piratas y mercaderes, Barcelona, 1996.

LÓPEZ GONZÁLEZ, C., “Desde las reformas monetarias de los Reyes Católicos hasta fines del siglo XVII”, en HERNÁNDEZ ANDREU, J., Historia Monetaria y financiera de España, Madrid, 1996.

MARTÍN ACOSTA, Mª E., El dinero americano y la política del Imperio, Colección Realidades Americanas, Mapfre, Madrid, 1992.

PÉREZ SINDREU, F. de P., “El real de a ocho y el thaler”, Gaceta Numismática, 152, I-04, 5ª época, marzo 2004, pp. 39-48.

RUIZ TRAPERO, M., "El real de a ocho: su importancia y trascendencia", IV Jornadas Científicas sobre Documentación de Castilla e Indias en el siglo XVI. Madrid, 2005, pp. 357-377.

SNODGRASS, M.E., Coins and currency: an Historical Encyclopedia, Jefferson, North Carolina, 2007.