¿Puede el mercado del arte competir con el oro como inversión?

Si tomamos como punto de referencia el informe “El mercado español del arte en 2017” elaborado por la Fundación laCaixa, según el cual se vendieron obras de Arte en 2016 por unos 385 millones de euros, un 7% más que en el año anterior, el pulso de dicho mercado se ralentiza, aunque según algunos analistas “no pierde atractivo como inversión y se mantiene fuerte como valor refugio”

Pero pese a las cifras, lo cierto es que, según otro informe, en este caso de la Feria Europea de Bellas Artes TEFAF de Maastrich, el mercado se encuentra en una encrucijada ya que, en 2016 el valor de las ventas en subastas cayó más de un 18%. 

¿Y puede el mercado del Arte competir con el del oro en el ámbito de la inversión?, se han preguntado más de una vez los analistas económicos relacionados con el campo de la inversión y el ahorro.

Evidentemente, el mundo del Arte (galeristas y subastadores sobre todo) no ha sido dirigido nunca hacia el sector del ahorro. Una obra de arte (pintura, escultura, muebles, fotografía, etc.) no se adquiere nunca como motivo de reserva, ni para servir de hucha, sino para el disfrute y como objeto de colección de quien lo compra.

Una vez en poder del comprador (particular, fundación, museo, etc.), el objeto de arte se congela en el tiempo de quien lo posee, sin que éste acuda a un medidor de ciclos y, a su vez, compruebe si su precio ha variado desde que forma parte de su colección.

Pero con el paso de los años, sobre todo desde la década de los años 50 del pasado siglo, muchos de los apasionados por el disfrute de cuadros, estatuas o mobiliario, comenzaron a conseguir y comerciar con esas piezas con un doble fin: gozar de esas obras de Arte y perseguir su revalorización a futuro en una posible venta posterior. Nació así el inversor en Arte.

Surgió así un mercado mundial, con abultados revalorizaciones anuales, provenientes de las ventas realizadas a través de casas de subastas, ferias y de las propias galerías de exposiciones. Y con ese mercado, una serie de figuras que participan en el mismo: galeristas, marchantes, subastadores, los propios artistas, etc., además del personaje con mayor relieve de todo ese entramado: el inversor.

El último informe elaborado por la TEFAF con motivo de la Feria de Maaastrich (Holanda) 2016, el valor total de las ventas en el mundo ascendieron a 45.000 millones de dólares. Cifras que son superadas por la Feria de Arte de Basilea (Suiza) que las enmarca por encima de los 55.000 millones de dólares. Aún lo abultado de las cifras, están muy por debajo de las de 2015 o años anteriores.

Según un informe elaborado por la Fundación laCaixa y redactado por la Dra. Clare McAndrew, las ventas del mercado español del arte en 2016 alcanzaron los 385 millones de euros, lo que supone un aumento del 7% anual. Tras dos años de crecimiento, el mercado ha aumentado su valor un 19% desde 2014 y un 42% desde 2009, cuando se situó en su punto más bajo de los últimos diez años.

En el año 2016, la cuota de España en el mercado global del arte en cuanto a valor era apenas inferior al 1% y representaba poco más del 2% del valor de las ventas de arte y antigüedades dentro de la UE.

Se estima que las ventas en el sector de las galerías alcanzaron los 310 millones de euros en 2016, lo cual representa un 80% del valor total del mercado. Esto supone un aumento del 11% en el valor interanual y su nivel más alto desde 2008. la mayoría de estas obras vendidas (el 63%) lo hicieron por menos de 5.000 dólares, frente al 36% de estas obras a nivel mundial, y solo un 1% tuvo precios superiores a 250.000 dólares (frente al 5% en todo el mundo).

Las ventas on-line representaron el 5% del mercado nacional y han aumentado considerablemente desde 2013, cuando representaron un 1%. El 61% del valor de estas ventas en 2016 se realizaron a compradores nuevos.

En cuanto a las ventas en ferias de arte, representaron el 41% de las ventas de las galerías en 2016 (una subida desde el 35% de 2013). Las galerías asistieron, de media, a cinco ferias en 2016 (tres internacionales y dos nacionales) y fue en las citas internacionales donde se produjeron la mayoría de las ventas realizadas a través de este canal.

Por último, en cuanto a los canales de venta se refiere, en 2016, se estima que las ventas del sector de las subastas alcanzaron un total de 74,9 millones de euros (entre subastas públicas, on-line y ventas privadas), con un descenso del 10% interanual, pero que se mantuvo relativamente estable en cuanto al número de ventas realizadas en 2014.

El Arte como producto de inversión

El perfil del comprador de arte ha ido variando con los años, pero siguen siendo los grandes patrimonios y los grandes coleccionistas los que tienen el mayor protagonismo, que, en algunos casos, ven en el arte una oportunidad de inversión

Al igual que en el resto de mercados, el inversor ha de conocer muy bien el mismo, tanto sus detalles como sus particularidades, entre ellas la de comprar a precio razonable y dejar después que pase el tiempo de “maduración”. Lo demás sería especulación.

Por lo que se refiere al mercado español, el Arte es una opción muy minoritaria, mucho más que los que se decantan por el oro. Sobre todo, debido al desconocimiento del sector y la falta de cultura de las creaciones del ser humano en los diferentes campos de la belleza plasmada en lienzos, metales, mármoles o madera.

Además, el mundo del Arte en España contempla un desfavorable tratamiento fiscal, respecto a otros países de nuestro entorno.

Si a todo ello sumamos el reducido asesoramiento profesional, con pocos especialistas, no es nada fácil para un novel entrar en este campo.

Arte Vs. Oro

Difícilmente el mercado del Arte puede competir con el oro como producto de inversión.

A nivel internacional hay miles de artistas que, anualmente, “producen” como mucho 4/5 obras. Por el contrario, existen casi un centenar de refinerías de prestigio, mundialmente reconocidas. Eso sí, al año elaboran decenas de miles de lingotes de oro de todos los formatos y peso: desde 1 gramo, hasta los lingotes bancarizados de 12,5 kilogramos.

No todas las obras de Arte Contemporáneo van dirigidas de cara a futuro al mercado de inversión, sólo una pequeña selección de los artistas alcanzan esa meta con sus obras. Hay que retrotraerse al Arte del siglo XX y al clasicismo de siglos anteriores para comprobar cómo su precio aumenta cada vez que aparecen en una subasta. Pero eso sólo queda para los Rubens, Van Gohg, Renoir, Paul Cézanne, Pablo Picasso, Mark Rothko, Andy Warhol, Jasper Johns, Francis Bacon, Gustav Klimt, Edvard Munch, Jackson Pollock y algunos pocos más cuyo valor de adjudicación ha sobrepasado los 100 millones de dólares y en algún caso más de 250.000 millones. Auténticos pelotazos.

El oro no cotiza en grandes subastas londinenses o neoyorquinas, pero sí en los mercados de metales preciosos de esas ciudades, además de Shanghai o Zurich. Su precio por onza (medida universal en la que se cotiza el metal preciado) se fija diariamente. En estos momentos, finales de septiembre, el precio es algo superior a los 1.300 dólares onza (31,10 gramos).

El oro es fácilmente transportable y una economía media puede guardarlo en su domicilio sin excesivas medidas de seguridad. Por el contrario, una obra de Arte requiere de un transporte más aparatoso y su custodia en domicilios particulares necesita unas grandes y sofisticadas medidas de seguridad.

Mientras el arte está grabado con altos impuestos, el oro, en Europa, está exento de IVA en el momento de su adquisición.

Además, el oro es asequible a cualquier bolsillo, desde 50 euros se pueden adquirir lingotitos de oro de 1 gramo, hasta algo más de 35.000 euros por un lingote de 1 kilo. Pero si el inversor es multimillonario y apuesta por las grandes cantidades, puede comprar una tonelada (1.000 kilos) por algo más de 35 millones de euros, y si prefiere comprar oro con el equivalente de un Picasso, necesitaría a partir de 2.856 toneladas.

Por último, entre las ventajas de una inversión en oro destaca la de su accesibilidad, ya que en todo el mundo, en el país más remoto, se puede comprar oro. De igual manera, el oro no conoce fronteras y la liquidez es inmediata en cualquier punto de la tierra, pues cualquier comerciante conoce las bondades del metal precioso, sus características y su valor.

Intente usted llevarse un Picasso a Burundi, por ejemplo. Si es que llega, difícilmente podrá colocarlo en los mercados locales. Por el contrario, lleve consigo unas cuantas onzas de oro, tanto en bullion o monedas de inversión como en lingotes. Los venderá nada más llegar y al precio de mercado de Londres.

El oro gana por goleada al Arte, no cabe duda. Pero a quién, con algo de sensibilidad, no le gustaría admirar en su salón una obra como la del artista francés Leon francois Comerrere, que pintó en 1908 esa “Danae y la lluvia de oro” que aparece en la portada.