Más de 20.000 millones de dólares en oro, tirados a la basura electrónica

Los aparatos electrónicos de última generación contienen pequeñas cantidades de metales preciosos que sería necesario reciclar, para aliviar ligeramente la presión a la que está sometida la producción procedente de las minas. Según un reciente estudio, la basura electrónica desechada durante el pasado año 2016 contenía alrededor de 22.200 millones de dólares en oro y más de 1.000 millones en plata.

El estudio, realizado por la United Nations University de Japón, la International Telecommunication Union y la International Solid Waste Association, y titulado “Observatorio Global de Basura Electrónica 2017” cuantifica en 45 millones de toneladas el peso total de los desechos tecnológicos generados durante 2016. Un peso equivalente a unas 4.500 veces el de la Torre Eiffel.

El aumento de los ingresos de los consumidores y la reducción progresiva del precio de los dispositivos ha hecho aumentar esta cantidad un 8% desde los 41 millones que se estimaron en el último estudio realizado, correspondiente al año 2014.

Esta basura electrónica incluye cualquier tipo de aparato que pueda ser enchufado o posea una batería. En su interior se encuentran pequeñas cantidades de metales como oro, plata, cobre, platino o paladio, además de hierro y aluminio.

En el caso de los metales preciosos, el importe estimado que se podría obtener reciclando todo el metal que albergan estos aparatos asciende a nada menos que 22.200 millones de dólares en oro (equivalentes a unas 500 toneladas) y más de 1.000 millones en plata (unas 1.600 toneladas).

En conjunto, todas las materias primas que se podrían reciclar de la basura electrónica tendrían un valor de unos 65.000 millones de dólares (alrededor de 55.000 millones de euros), una cantidad que supera el PIB de la mayor parte de los países del mundo en 2016.

El problema es que en la actualidad tan solo se acumula y recicla de forma correcta el 20% de esta basura electrónica, unos 8,9 millones de toneladas. El resto acaba mezclado con la basura casera en los basureros, donde se mezcla con el resto de desechos.

Para los autores del estudio, esta baja tasa de reciclaje es una cuestión sorprendente, ya que un total de 67 países, que agrupan a más de dos tercios del total de la población mundial, cuentan con legislación específica sobre el reciclaje de basura electrónica.

Al hecho de que los productos tecnológicos incluyen cada vez una mayor cantidad de metales preciosos, se une la realidad de que cada vez se genera más basura electrónica. Hasta tal punto que, según las proyecciones estimadas por los autores del estudio, para el año 2021 esta cantidad ascenderá a 52,2 millones de toneladas.

Como en tantos otros apartados, China también encabeza la clasificación de los mayores generadores de basura electrónica, con 7,2 millones de toneladas, seguida por los Estados Unidos. Según el estudio, “China desempeña un papel fundamental en la industria eléctrica y electrónica mundial, por diversas razones; y además es el país más poblado del mundo, así que la demanda de estos aparatos es muy elevada y cuenta con una potente industria eléctrica y electrónica”.

Australia y Nueva Zelanda son los países que más basura electrónica generan por habitante al año: un total de 17,3 kilos, de los que, sin embargo, apenas se recicla un 6%. En cambio, Europa cuenta con la tasa más alta de reciclaje, con cerca de un 35%.

El informe apunta también a las causas que llevan a los consumidores a deshacerse de estos aparatos, y que pueden resumirse en dos: el coste que supone llevarlos a reparar suele ser superior al de comprar uno nuevo; y el deseo de mantener un cierto estatus social mediante la compra del último modelo de dispositivo, como sucede con los smartphones.