De años de incertidumbre al impulso de fortalezas convertidas en protección

Más de seis años después de coronar las cumbres de 2011, el oro ha transitado por momentos de incertidumbres sociales, políticas y económicas que le han llevado a ocupar un espacio de futuro esperanzador.

Hemos pasado por diversas crisis y ahora, desde el inmediato 2018, toca la emoción de ir por delante y hacia arriba. Que los toros empujen sin resbalar.

En breve, desde el próximo 1 de enero, toca afrontar el mercado binario, comprar y vender, de una manera estudiadamente segura, afrontando las siempre serias posibilidades de los vaivenes de las cotizaciones al margen de lo que a veces profetizan algunos augures desde Wall Street o Londres. Si bien, desde los nuevos cimientos de Shanghái​, también van surgiendo audaces adivinos que intentan conformar los nuevos 12 meses venideros a golpe de yuan. Es la política aplicada al control del mercado del oro.

Efectivamente, la política lo ha invadido todo, incluso los mercados de los metales preciosos. Si bien hay que reconocer que la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados, ha estado siempre ligada al oro y la plata. Sobre todo, desde que el 15 de agosto de 1971 un político, Richard Nixon, decidió romper el estatus establecido hasta ese momento según el cual las monedas nacionales, como el dólar, estaban respaldadas por oro de los bancos centrales. Adiós convertibilidad, adiós patrón oro.

Desde entonces, el oro ha sufrido la indiferencia de muchos, la ignorancia de otros, la envidia de algunos, la manipulación de varios…, todo ello enmarcado en un paisaje revestido de incertidumbres, parecidas en ciertos casos al petróleo.

El denominado “oro negro” inició sus edades críticas en 1973, para confirmar en 1979 y 1990 que ante la OPEP no podían apostar en contra los países industrializados. El resultado de esas crisis fue la entrada en coma de las tasas de crecimiento occidentales, hasta llegar a 2008, cuando el barril Brent pasó a valer más de 147 dólares. Desde entonces los precios cayeron de forma acusada y hoy esa medida internacional del crudo se cotiza en torno a los 63 dólares. 

En esa fatídica fecha de 1971 el oro cotizaba a 43 dólares la onza. Tras denodados esfuerzos, un año después ya superaba los 60 dólares. El año del inicio de la guerra del crudo, 1973, ya superó a finales de año los 100 dólares por onza.

No sería hasta 1979 cuando se cruzó la línea de los 500 dólares; aunque durante los quince años siguientes el precio del oro se mantuvo por debajo de los 400 dólares.

A partir de 2005 es cuando comenzó a romperse esa tendencia y volver a superar los 500 dólares onza. Después, de manera constante, el metal precioso fue rompiendo barreras como las de los 600 dólares en 2006; los 800 en 2007; los 1.000 dólares en 2009; los 1.400 dólares onza en 2010; así hasta batir los 1.700 dólares en 2011 y 2012. Esa fue la cima alcanzada en pleno siglo XXI.

En años posteriores, los osos iniciaron el empuje hacia abajo: 1.200 dólares onza en 2013, y, por debajo de esa cifra, en 2014 y 2015. Luego, una pequeña remontada por encima de los 1.300 dólares en 2016; para, actualmente, haber superado esa cifra (1.340 dólares onza) durante unos días del pasado mes de septiembre.  

La incertidumbre reina sobre los mercados y, cuando eso ocurre, la historia nos enseña que la demanda de oro aumenta proporcionalmente, y en ocasiones, de manera impresionante, convirtiéndose el metal precioso en la protección que ofrece contra una economía impredecible.

El próximo año les toca llegar las fortalezas que convierten al oro físico en un auténtico valor refugio, con ventajas tales como que el oro en lingotes pequeños y bullion o monedas de inversión son de fácil trasporte, reconocibles en cualquier parte del mundo, de sencillo almacenamiento, sin complicaciones a la hora de ser vendidas o compradas en todos los continentes, etc.

Pronto comprobaremos si son acertados los designios que vaticinan un 2018 con el precio del oro al alza, como el caso de Blomberg que lo sitúa por encima de 1.400 dólares la onza en el mejor de los casos, o como entidades más conservadoras que lo sitúan entre 1.300 y 1.350 dólares la onza.

Al menos ya parecen oírse las atronadoras pisadas de los toros que vienen por detrás con fuerza y empuje.