La numismática se moderniza… pero dentro de un orden

Las nuevas tecnologías han revolucionado en pocos años el mundo que conocíamos, facilitando procesos que antes eran largos y pesados, y brindándonos nuevas posibilidades que antes ni se pasaban por nuestra imaginación. La numismática no ha sido una excepción a estos avances tecnológicos, que han propiciado la aparición de piezas acuñadas con nuevas técnicas, altorrelieves, coloración…

Sin embargo, conviene no llevar la modernidad demasiado lejos ni perder la perspectiva: la tecnología es una herramienta muy útil, pero tan peligroso es prescindir de ella como tratar de llevar su uso al extremo, no para fabricar una pieza especialmente bella, sino para demostrar lo que se puede llegar a hacer.

Viene esto a cuento de las numerosísimas emisiones que las diversas casas de la moneda mundiales presentan a lo largo del año y que, en ocasiones, resultan un poco difíciles de digerir por los más ortodoxos. Estamos hablando de monedas que no solo incluyen policromía, sino que empiezan a perder la forma circular para adoptar las más diversas siluetas, presentan convexidades o incluyen insertos en otros materiales.

Todo empezó con la inclusión de colores en las monedas, hace ya unos años, en la Casa de la Moneda de Cuba. Un paso que, nos consta, ha hecho arrugar el entrecejo a más de uno (incluso en nuestra Casa de la Moneda), pero que, a fuerza de acuñar piezas coloreadas, ha dejado de sorprender. Ahí está, por ejemplo, la moneda de plata de 30 euros que la FNMT ha dedicado a los 50 años del Rey Felipe VI, y que muestra el escudo real con sus auténticos colores.

Una tecnología que tampoco está exenta de polémicas, como la que enfrenta a la Royal Canadian Mint con la Royal Australian Mint, por un quítame allá esta patente: los canadienses acusan a los australianos de haber acuñado monedas policromadas con una tecnología patentada por ellos, mientras que los oceánicos acusan a los norteamericanos de haber patentado como propia una tecnología que ya se usaba con anterioridad.

Sea como fuere, el color se ha impuesto como norma habitual en muchas emisiones de monedas de colección mundiales, lo que ha permitido una infinita proliferación de emisiones dedicadas a Star Wars, Star Trek, Mickey Mouse, las princesas de Disney y una gama casi infinita de representantes de la fauna mundial, por tierra, mar y aire.

Unas piezas desdeñadas por los más puristas, pero a las que hay que reconocer virtudes como el haber atraído al coleccionismo numismático a un público más joven, en muchas ocasiones completamente ajeno al mismo, y que, una vez que se ha introducido en este mundillo, puede tomarle gusto. ¿Quién dice que un joven que ha comprado una pieza porque es un “friki” de Star Wars no puede acabar apreciando la belleza y el valor de una Filarmónica de Viena, una Britannia o un Panda?

Porque ésa es otra: no olvidemos que la mayoría de estas piezas son de metales preciosos, sobre todo de plata. Y cuentan con el respaldo de estar acuñadas por casas de la moneda de reconocido prestigio mundial, como The Perth Mint, la Monnaie de París o la FNMT-Real Casa de la Moneda. En términos de inversión pura, una onza de plata, al fin y al cabo, es una onza de plata, llámese Filarmónica o Mickey Mouse.

Otra cosa, por supuesto, son las frivolidades como la inclusión de minerales diversos (incluso fragmentos de meteoritos) o de insertos de cerámica, cristal de murano u otros materiales, como exhibición de lo que la tecnología puede llegar a lograr.

Ahí entra en juego el gusto personal, aunque mi opinión es que no debería perderse de vista las características que hacen que una moneda se considere como tal: un disco metálico grabado por ambas caras. Si le pegamos un gusanito o una mariposa en una de las caras, podemos llamarlo pieza de colección, obra de arte o elemento decorativo. Pero no deberíamos otorgar el nombre de moneda tan a la ligera.

En conclusión, bienvenidas sean las nuevas tecnologías en el mundo de la numismática, sobre todo si atraen al coleccionismo e inversión a las nuevas generaciones. Pero no perdamos el norte.