¿Estamos preparados para confiar en el oro como medio de ahorro?

Parece que se ha puesto de moda en los últimos meses denostar el papel del oro como activo de inversión, con el argumento del “desplome” de su precio desde los niveles que alcanzara a finales de 2017 y principios de 2018. ¿Hay motivos para semejante pesimismo? Personalmente, creo que no.

A la hora de escribir estas líneas, el oro había cerrado en el mercado de Londres (la London Bullion Market Association) a 1.251,40 dólares la onza, mientras que el precio spot se mantenía en torno a los 1.245.

Lógicamente, la comparación de estas cifras con los máximos alcanzados en algún momento del primer semestre de este año resulta desfavorable: concretamente, el pasado 25 de enero, el precio del metal alcanzó los 1.354,95 dólares la onza, una diferencia de más de 100 dólares la onza con respecto al nivel actual.

Pero hagamos memoria: hace un año, el día 12 de julio de 2017, el precio del oro cerraba en la LBMA a 1.218,80 dólares la onza, es decir, unos 36 dólares la onza por debajo del denostado precio actual.

Por entonces el optimismo reinaba en los mercados en torno a las posibilidades del oro como activo de inversión. Es cuestión de perspectiva. Con las cifras en la mano, un inversor poco experto podría echar cuentas sobre el dinero que ha dejado de ganar por no haber vendido el oro en su momento, cuando sobrepasaba los 1.350 dólares la onza. Pero no nos cansaremos de repetir que el oro de inversión cumple una función de protección patrimonial, diversificación y valor refugio, no de especulación.

Si algún inversor tiene como objetivo especular para obtener ganancias a corto plazo con la compraventa de oro, está equivocado, porque los efectos de esta inversión se ven a largo plazo; nadie invierte en oro para dar el “pelotazo” en unos pocos meses, para eso hay otros activos con una enorme volatilidad (acciones, criptomonedas…) que se encargan de ello.

Sospecho que detrás de todo este alarmismo radica una falta de conocimiento del sector de la inversión en metales preciosos que no es, ni mucho menos, imputable a los ciudadanos. De hecho, hace años que se abrió el debate acerca de la necesidad de introducir la educación financiera como asignatura en los colegios. Quizá si ya hubiéramos dado ese paso, se habrían evitado muchas tragedias económicas derivadas de las cláusulas suelo, los swaps, las hipotecas multidivisa o los productos de inversión “seguros” que resultaron no ser tales…

En nuestra defensa hay que decir que este desconocimiento no es exclusivo de los ciudadanos españoles: como contábamos en Oroinformación, una reciente encuesta realizada por la compañía australiana ABC Bullion revelaba el sorprendente dato de que el 45% de los ciudadanos encuestados en ese país (el segundo mayor productor mundial de oro, recordemos) ni siquiera se planteaba la posibilidad de invertir en oro físico.

Es más, un 12,6% de los encuestados argumentaba que “no sabían cómo invertir en oro”, mientras que otro 5,3% aseguraba que “es muy complicado comprar y vender oro”.

Unas opiniones que, con toda probabilidad, se repetirían entre los ciudadanos de nuestro país si realizamos una encuesta similar. Falta cultura acerca de la inversión en oro: muchos españoles siguen sin entender que el mercado de metales preciosos no tiene nada que ver con los establecimientos de compro oro que, desde la llegada de la crisis económica de 2008-2009, han proliferado por nuestras calles.

¿Qué podemos hacer? Desde luego, por nuestra parte, la de Oroinformación, estamos aportando nuestro granito de arena a la cuestión de la formación sobre el mercado de los metales preciosos de inversión. Y también por parte de Sociedad Española de Metales Preciosos de Inversión, que está llevando a cabo un esfuerzo de divulgación mediante un ciclo de conferencias y otras iniciativas. Pero reconocemos que nos queda un largo camino por recorrer.

Tan largo como el que nos separa de nuestros vecinos europeos, en especial, los alemanes, italianos y franceses. En estos tres países, la inversión o, mejor dicho, el ahorro a largo plazo en oro es una cuestión que está asumida: millones de ciudadanos de estos tres países comprar habitualmente pequeños lingotes y monedas de oro, que atesoran en sus domicilios o en cajas de seguridad, con el objetivo de respaldarles económicamente cuando llegue el momento de su jubilación.

¿Estamos mentalizados los españoles para lo mismo? Me temo que aún no. Y cuanto antes nos pongamos a ello, mejor nos irá.