Restaurado en Egipto un mosaico del siglo VI con teselas de oro y plata

El pasado 16 de diciembre se abrió en Egipto la antigua biblioteca del Monasterio de Santa Catalina, un monumento considerado Patrimonio Mundial de la Unesco y situado en el sur del Sinaí.

Se trata de una antigua biblioteca que alberga miles de manuscritos históricos de varios siglos de antigüedad y que había pasado tres años cerrada mientras se realizaban los trabajos de restauración en el ala este.

Según señala Damyanos, el arzobispo del monasterio, en la biblioteca se encuentra la segunda colección en importancia de códices y manuscritos antiguos, solo superada por la Librería Vaticana. En total, son unos 3.300 manuscritos, en su mayoría textos cristianos en griego, árabe, sirio, georgiano y eslavo, entre otras lenguas, además de miles de libros y rollos que se remontan hasta el siglo IV.

De todos ellos, el manuscrito más valioso es el llamado Codex Sinaiticus, que data del siglo IV y que es una copia del Nuevo testamento, considerado como el más precioso del mundo.

Pero aparte de las joyas bibliográficas, el Monasterio de Santa Catalina contiene también unas cuantas joyas artísticas. Una de las más destacadas es el llamado “Mosaico de la Transfiguración”, que ocupa una superficie de 46 metros cuadrados y está situado en el ábside oriental de la basílica.

Comparado, por su valor artístico, con los mosaicos que se encuentran en la Iglesia de San Vital de Rávena (Italia), presenta una rica variedad cromática, realizada a partir de teselas de pasta de vidrio, piedra, oro y plata. En el centro del mismo se encuentra la imagen de Jesucristo, flanqueado por los profetas Elías y Moisés.

Se calcula que, en total, el mosaico está formado por más de medio millón de teselas, a razón de unas 11.700 por metro cuadrado. Las teselas son, en su mayoría, de forma cúbica, de entre 5 y 7 milímetros de lado. Las de piedra se utilizaron para los tonos rojizos, con una gama que va desde el blanco rosado al anaranjado.

En cuanto a las de vidrio, constituyen la mayor parte del mosaico, ya que, debido a su escaso peso, permitían cubrir grandes superficies de pared sin peligro de recargar en exceso la estructura. Su brillo y la refracción de la luz dotaban de gran viveza al diseño, que cambiaba a lo largo del día, en función de la luz que recibiera. En total, hay teselas de vidrio de más de 30 tonos diferentes, utilizadas principalmente en las figuras más grandes.

Las teselas de oro y plata pasaban por un complicado proceso de fabricación: primero se fabricaba unas placas de vidrio, sobre las que se aplicaba la placa metálica, de oro o plata, obtenida después de trabajar a mano el metal. Sobre la placa metálica se colocaba una lámina muy fina de vidrio, llamada “cartellina”, de apenas 1 mm. de espesor, cuyo objetivo era proteger la superficie del metal. Luego se introducían en el horno, donde se fundía el vidrio y rodeaba a la placa metálica.

El mosaico fue creado en el siglo VI, durante el mandato del emperador bizantino Justiniano, que fue quien ordenó la construcción del monasterio en Santa Catalina, una zona sagrada para el judaísmo, cristianismo e islam.

El monasterio es uno de los más antiguos de la Iglesia Cristiana Ortodoxa. Asentado al pie del Monte Sinaí, donde Moisés recibió los Diez Mandamientos, constituye un excelente ejemplo de la arquitectura bizantina.